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El truco de los chamarileros

Mientras el Mediterráneo escupe cadáveres de hombres, mujeres y niños, por estos pagos nos entretenemos jugando a las casitas. A mi me gustaría pintar el cuarto de color verde. A mí que tenga jardín. A mi un columpio. Unos encerrados con un solo juguete, imaginando un futuro luminoso, diáfano y sin problemas. Otros aislados en sus habitaciones, solos, meditabundos, rumiando en silencio, preocupados pero mudos.

¿No hay problemas más candentes que amueblar el pisito? Poco parece afectarles a estos niños ensimismados, día sí, día también, las noticias de corrupción del partido que supervisa sus juegos. Pero tampoco parecen hacer mella otros dramas humanos más lacerantes, como el éxodo masivo de refugiados (salvo transitoriamente la bofetada dada por la foto de Aylan); o el escalofriante número de muertas por violencia de género.

En un texto que publiqué hace unos años, y que se llamaba igual que este blog (Eva devuelve la costilla, editorial Icaria, 2010) identifiqué los cuatro problemas más acuciantes que el mundo en su conjunto tendría que afrontar en los próximos años, que eran: a) la precarización y falta de valor de la vida humana  b) la conservación del medio ambiente (cambio climático incluido), c) la gestión humana de los flujos migratorios y d) lucha contra la discriminación sexual (incluyendo aquí la violencia contra las mujeres como asunto prioritario).

En un mundo cada vez más interconectado, más pequeño, con problemas globales que no pueden ser resueltos aisladamente, en los que el planeta entero está embarcado, a los que hay que hacer frente de manera colectiva,  me cuesta entender que por aquí haya tanta gente entretenida en decorar su pequeña habitación, como si pudieran abstraerse de los grandes y graves problemas en los que está sumida toda la humanidad.

Así, dibujando una isla paradisíaca en medio de la desolación, nos esperan días aciagos oyendo el marchamo de los chamarileros intentando vendernos un proyecto de futuro más viejo que Matusalén como si hubieran acabado de descubrir la pólvora. Si esperan que yo les crea están aviados. Se ve el truco a la legua.

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