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Por J o por B vamos para «trans»

Este país nuestro es muy sensible y empático. Nada más hay que ver la cantidad de gente que llora a moco tendido al contemplar un anuncio de una marca de whisky. Y que en menos de 3 minutos han comprendido y aceptado sin rechistar que basta con ponerse dos toneladas de maquillaje para ser mujer. A esta puerilidad se han rendido políticos, intelectuales, deportistas y hasta recalcitrantes anti-sistema.

Los que tenemos el corazón de esparto nos emocionamos, en cambio, con cosas más banales,  como por ejemplo que un hombre deje agonizar a su mujer en el suelo durante cinco días; que un desalmado mate a golpes a una joven de 20 años en Madrid que ocasionalmente hacía de escort; que una chica permanezca secuestrada y sometida a abusos sexuales por  su “presunto” exnovio en Terrassa (Barcelona)  o que unos militares hagan el Sorteo de la Puta, el juego que va a desbancar al Gordo de Navidad. Solo por citar algunas anécdotas sin importancia.

No voy a entrar a analizar el anuncio de marras, porque ya lo han hecho algunas compañeras divinamente, (@redindomitable) la que más, y además sólo es publicidad lacrimógena. Lo verdaderamente importante es que en materia política y social, las mujeres vamos para atrás, como las cangrejas (habrá crustáceos de estos que tengan la identidad sentida femenina, digo yo).

Vamos para atrás pese a la “diarrea legislativa” (Angela Rodriguez Pam dixit) que ha desplegado este gobierno de coalición, el más super feminista de la galaxia. Y las feministas no es que nos opongamos por sistema a todo lo que hace el gobierno (si hace algo bien se lo reconocemos), sino que ha asumido como principio irrenunciable conceptos que fueron inventados ayer, como aquel que dice.

Porque a ver: ¿Cree Pedro Sánchez, por poner la cabeza del Ejecutivo, que el sexo se asigna al nacer? ¿Que existe la identidad de género innata? ¿Qué existen cerebros rosas y azules? ¿Que hay criaturas que creen en los Reyes Magos pero saben perfectamente que son trans desde los tres años? ¿Sabe el Gobierno de dónde surge la idea de que se puede cambiar de sexo? ¿Acepta que el sexo biológico sea irrelevante? ¿Que una persona puede elegir su sexo o cambiarlo con su sola voluntad? ¿Sabe el jefe de gobierno qué características humanas específicas tienen los denominados No Binarios que los haga diferentes de los demás seres humanos? ¿Cree el gobierno que se puede nacer en un cuerpo equivocado?

Pues todas estas preguntas (y muchas otras) que deberían estar en permanente discusión se silencian y se eluden, y a toda aquella que ose formularlas se le pone el rótulo de tránsfoba y ahí se acaba la argumentación.

El mundo –y España no podía ser menos, porque hay que estar a la vanguardia– ha asumido sin parpadear como hechos científicamente probados lo que no son más que teorías académicas, teorías que deberían ser demostradas con evidencias empíricas, con experimentos rigurosos. Conceptos sobre los que no hay unanimidad teórica ni científica son esgrimidos para fundamentar leyes que afectan a toda la sociedad.

Vamos para atrás porque el gobierno más progresista del mundo mundial ha traicionado a las mujeres, abandonado la agenda feminista y embarcado en una cruzada irracional que, como vimos ayer, día 10 de diciembre, en la escasa asistencia a la manifestación trans de Madrid y en otras ciudades, no obedece a una demanda social sino a un proyecto de redefinición de lo que es el ser humano impuesto desde arriba. En la cúspide de este experimento transhumanista están la industria médico-tecno-farmacéutica, grandes fundaciones estadounidenses y empresas comerciales en busca de nuevos mercados.

A estos poderes se han unido sin la menor reflexión ni sentido crítico ONGs, sindicatos, partidos, asociaciones, instituciones educativas, corporaciones de todo tipo arrastrando como una riada de detritus a personas de buena fe. El resto de la ciudadanía está tan estupefacta que prefiere ver, oír y callar.

El momento es tan grave que deberíamos unirnos en un frente de Resistencia Feminista para poder hablar todas juntas con una sola voz. Una voz que se alzara, racional y sensata, sobre este despropósito mundial. ¿Seríamos capaces de tal muestra de sororidad?.

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