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Oltra, Colau, Díaz y las demás

Independientemente de lo que pueda pasar con Mónica Oltra y su más que deseable dimisión por la presunta ocultación de los abusos cometidos por su exmarido en un centro de menores tutelado, es evidente que forma parte de esa generación de mujeres que ahora están entre los 40 y los 50 y pocos años y que ostentan puestos de poder al que se aferran con uñas y dientes. Mujeres que se hicieron jóvenes adultas en una época de cierta bonanza económica y social: los años 90 y hasta el final de siglo XX. Mujeres que ya no tuvieron que luchar por derechos por los que habían batallado sus predecesoras, como el divorcio, el aborto, la independencia económica o la incorporación al mercado laboral. Mujeres que estudiaron y se formaron en un momento en que el feminismo había dejado de tomar la calle para cobijarse en los Institutos de la Mujer. Todo parece indicar que fueron mujeres que se creyeron que ya se había conseguido la igualdad.

Como ya no había que embarcarse en reivindicaciones básicas, pensaron que el feminismo se les quedaba corto, y así se incorporaron a batallas que consideraron más ambiciosas, como el tema de los desahucios, el nacionalismo moderado o el medio ambiente.  Ante el auge del neoliberalismo, la exaltación de la idea de libre elección y la fulgurante eclosión del Movimiento LGTBI se decantaron por lo que Nancy Fraser denomina “las políticas de reconocimiento” y dejaron aparcadas por obsoletas, anacrónicas y pasadas de moda lo que la misma autora llama “políticas de redistribución”; en palabras simples: abrazaron las novedosas ideas de diversidad,  pluralismo e inclusión olvidando la desigualdad, la base de la que la izquierda siempre había partido, que no es ni más ni menos que las condiciones materiales en las que transcurre la existencia.

Pero esto parecía muy antiguo, así que acorde con el espíritu del tiempo fueron las primeras en apuntarse al carro de “los feminismos”, la identidad de género y la noción de trabajo sexual. Ya en la pendiente en caída libre de la izquierda no saben dónde detenerse, y en una suicida huida hacia adelante ya ni siquiera cuestionan el sistema prostitucional, queriendo convencerse de que las mujeres están en prostitución por propia voluntad de la misma manera que no cuestionan el hijab o creen que las mujeres alquilan sus úteros por altruismo; mujeres a las que también en sintonía con los nuevos tiempos no tienen reparos en denominar “personas mestruantes” o “cuerpos con vagina” para no dejar fuera a cuantos individuos quieran autoidentificarse como mujeres, no sea que las llamen Terf.

Y a ese grupo formado por Oltra, Colau, Díaz, García, Verge se han sumado otras un poco más jóvenes como Montero, Rodriguez o Rodriguez Pam, a las que jalean periodistas de su misma generación, que ya ni siquiera saben definir lo que es ser mujer. Afortunadamente, las viejas aún no nos hemos muerto, y acompañadas por un nutrido grupo de feministas jóvenes que están experimentando en sus carnes la involución patriarcal, junto a muchas otras mujeres que están despertando de la pesadilla neoliberal, vamos a poner freno a este delirio que habéis aceptado y gritar bien alto “No pasarán”.

No pasarán quienes quieren arrasar con los derechos adquiridos de las mujeres, los y las que quieren convertir nuestro sexo en irrelevante, los que nos quieren calladas, las que nos llaman terf, las que están en caída libre como han demostrado las elecciones andaluzas y quieren convencernos de que están en la cresta de la ola.

Oltra, Colau, Díaz, García, Verge, Rodríguez, Montero y todas las demás, que sepáis que nosotras no nos tragamos el mantra de la diversidad, que priorizamos la lucha contra la desigualdad, que vamos a seguir peleando por la dignidad de las mujeres en todo el mundo, con o sin vosotras, hasta que caigáis de ese guindo desde el que parece que no veáis que mientras no nos salvemos todas, ninguna se salvará.

24 thoughts on “Oltra, Colau, Díaz y las demás”

      1. Los guindos se van poniendo en fila para que se vayan tirando de uno tras otro. Por qué? Por falta de visión histórica y de sororidad feminista.

      2. Felicitaciones a Juana por su claridad, contundencia y rotundo compromiso con el feminismo que coherentemente sigue adelante a pesar de los obstáculos que supone hoy ser feminista mujer hembra y comprometida con la lucha contra la desigualdad y el género como dominación patriarcal de las mujeres.

        Soy una feminista de 77 años que está convencida que el feminismo intergeneracional acabará rescatando de las malas compañías a aquellas jovenes que se definen feministas pero están confundidas por el transgenerismo de Colau, Oltra, etc

        1. Hola, Lola, gracias por tus palabras, siempre es gratificante saber que las palabras que una escribe tienen destinatarias con rostro. Las mayores aqui seguimos, con ganas y energía de seguir en la lucha. Un abrazo.

        2. Gracias por exponer tan claramente la trampa de la diversidad, es tal la distopía a la que nos quieren llevar que hasta algunos hombres nos damos cuenta.

      3. Gracias Juana, en pocas palabras, que bien lo defines.
        Esperemos que no tarden en caerse del guindo estás posmodernas que tanto daño están haciendo a las chicas jóvenes.

      4. Más claro, el agua. Gracias Juana por la contundencia y realismo en tus postulados. Gran artículo que compartiré. Como bien dice Victoria, falta de visión histórica y sororidad feminista.

      5. ¿Están reñidas las «políticas de diversidad» con las «políticas de redistribución? ¿Son excluyentes?
        Con todos los respetos para la autora del artículo, no veo dónde está el problema en otorgar tratamiento de mujer a aquella persona nacida con sexo masculino, que ha completado el correspondiente proceso de cambio de sexo, que me manifieste sentirse mujer, y que solicite recibir aquel tratamiento. Y lo mismo en el caso de proceso en sentido inverso.

      6. Respuesta sesgada. En mi comentario no hablo sólo de sentimiento. Silencia Ud. que hablo de sentimiento que «completa», seguramente «acompaña», o por ser más preciso, suele ser el motor o catalizador de un proceso de cambio de sexo completo.
        A mi no me ofende que alguien que se ha sometido a un complejo proceso para dejar atrás su aparato reproductor femenino congénito me diga que es hombre. Le diré más. De percibir que le reconforta que le reconozca como hombre, lo haría sin necesidad de pedírmelo. Encantado de la vida. Él (ella para ud.) feliz. Yo, más.

        1. En el transgenerimo ya apenas si se habla de cambiar el sexo biológico, es más, molesta que se apele a la meterialidad de los cuerpos. Insisto, ser hombre o mujer no es solo un sentimiento íntimo. Wittgenstein afirmó: «Los procesos internos necesitan criterios externos» (Pensamiento 580 de Investigaciones Filosóficas.

      7. En el transgenerismo actual apenas se hablará de cambiar el sexo biológico pero el caso práctico que he planteado en mi primer comentario se basa en un cambio efectivo y real de sexo biológico. Interpreto su último comentario como evasivo. La cuestión no radica en la posición actual del «transgenerismo», sino en si el feminismo tradicional hace distingos entre las personas que cambian su sexo congénito y las que no o, por el contrario, niegan la condición de mujer a todas ellas. En este segundo caso su observación sobre la orientación del actual transgenerismo carece de todo valor que no sea el de mero recurso evasivo.

        1. En mi columna Oltra, Colau, Díaz. y demás, así como en la mayoría de mis reflexiones abordo cuestiones generales, no entro en la casuística concreta en las que cada persona tiene que dar su respuesta individual. Si usted desea reflexionar sobre el tema que le preocupa, le invito a que escriba una columna y que trate de divulgar sus pensamientos, que seguro que enriquecerán el debate actual.

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