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El corazón henchido de emoción

Que una tarde lluviosa de marzo un grupo de mujeres que no conozco se desplacen a la Universidad Autónoma de Barcelona para mostrarme su apoyo ante el boicot ideológico sufrido por parte de las alumnas de un máster. Si se considera, además, que el cambio de ubicación ha sido trasladado a 35 kilómetros de Barcelona para dificultar la asistencia a mi clase y con un día de antelación. Que además 700 mujeres estuvieran conectadas a través de la Plataforma Confluencia Feminista, que iba a retransmitir en directo la clase finalmente pospuesta. Que tantísimas personas de España, pero también de otros países me hayan transmitido su apoyo y solidaridad ante mi denuncia del clima de dictadura ideológica que ha impuesto el lobby queer y el transgenerismo. Que todo esto haya ocurrido es uno de los momentos más emocionantes, si no el que más, de mi ya larga carrera académica. Me gustaría poder agradecer personalmente a todas y cada una de las personas que me han apoyado, pero ante la imposibilidad de hacerlo escribo esta columna con el corazón henchido de emoción.

Tras cuarenta años defendiendo incansablemente los derechos de las mujeres. Tras toda una vida siendo feminista, que es la única militancia que he tenido. Tras casi cuarenta años de ejercicio de la docencia universitaria y dedicado toda mi producción investigadora al tema del género y la comunicación, creo que me asiste cierta legitimidad para cuestionar algunos conceptos que el lobby queer ha impuesto y que mucha gente acepta ya como dogma de fe.

Pues sí, señoras y señores, conceptos tales como identidad de género, autodeterminación de sexo, identidades trans y no binarias, sexo asignado al nacer, sexo sentido y otras muchas cuestiones que hace apenas cinco años casi nadie conocía –salvo las gurús que los han inventado en sus torres de marfil– son perfectamente discutibles y nadie me va a impedir que los cuestione.  Si podemos discutir que Dios sea al mismo tiempo uno y trino, si la Virgen conservó su virginidad tras parir y que el Espíritu Santo sea una lengua de fuego ¿cómo no vamos a poder discutir, señoras y señores, ideas que se inventaron ayer, como aquel que dice?

Es muy preocupante que tantísima gente, sobre todo joven, se haya lanzado a los brazos de esta nueva religión sin hacer el más mínimo esfuerzo intelectual para pensar seriamente sobre lo que representa, y que además sean incluso capaces de boicotear a docentes que discuten racionalmente y con argumentos sólidos cuestiones que no tienen ninguna consistencia teórica, y mucho menos científica.

El proceso que se ha seguido para imponer esta nueva dictadura de pensamiento se entiende perfectamente si se conoce el concepto de Ventana de Overton, teoría política que explica los mecanismos empleados para hacer posible lo impensable. Pero como la mayoría de la gente en la actualidad se abona al pensamiento mágico, ha hecho dejación de la función de pensar, y cree que la vida es como nos dice la publicidad, se entiende que los gobiernos, instituciones, empresas, organismos, fundaciones y grupos poderosos de presión aprovechen la ocasión para desactivar cualquier atisbo de oposición crítica. ¡Y sí, incluida la Universidad! Y quienes se atreven a cuestionar la sinrazón, como las feministas estamos haciendo, somos arrojadas a la hoguera, que puede ir desde el hostigamiento en redes sociales, pasando por el boicot y el ostracismo docente hasta llegar al despido laboral.

Todas las burbujas que se erigen sobre principios falsos más tarde o más temprano acaban por pinchar. Ver cómo aparecen en las redes sociales imágenes del globo terráqueo con la frase “No estoy dispuesta a enseñar que la tierra es plana” me llenan de esperanza al mismo tiempo que de gratitud. Hoy escribo esta columna con el corazón henchido de emoción, y a mis compañeras feministas que me han mostrado su apoyo las abrazo una a una y les digo que hemos abierto una grieta en ese muro de hormigón que entre todas vamos a derribar.

18 thoughts on “El corazón henchido de emoción”

  1. Sin tu rigor intelectual, tu valentía y honestidad no estaríamos en las condiciones necesarias para enfrentarnos al mayor delirio de estos ultimos años. Gracias por asumir el precio de tu exposición pública, contigo avanzamos. Un fuerte abrazo, Juana.

  2. Juana te he apoyado y te apoyaré hasta el final. He dedicado mi vida entera a ello, a descubrir las trampas patriarcales en Educación.
    En ello va mi y nuestra dignidad, en no admitir que lo que miles de mujeres hemos defendido con esfuerzo e ilusión, ahora los lobbies económicos, el neoliberalismo sin principios ni éticos n8 politicos, nos intente borrar, encarcelar, eso Nunca!!

  3. Begoña Piñero Hevia

    Siempre al lado de las mujeres feministas, ninguna dictadura podrá silenciarnos.
    Gracias Juana por ser valiente palabra que nunca pensé que utilizaría por defender una verdad tan grande como que es sexo no se asigna.
    Les Comadres de Gijón estamos contigo.

  4. Todo mi apoyo Juana. De docente universitaria a docente universitaria. Empatizo muchísimo contigo y con lo que te está pasando, y más en el espacio del saber, la Universidad. No se trata de que una universidad defienda a ultranza a sus docentes siempre (algunos no se lo merecen), pero no pueden estar del lado de un lobby patriarcal y de una sinrazón acientífica que tanto daño irrreversible va a hacer en las y los jóvenes. Te reitero mi apoyo feminista. Un abrazo.

    1. Magdalena Torre Sánchez

      Yo no tengo la formación suficiente para exponer de otra manera lo agradecida que estoy a alguien como tú que pone sabias palabras a lo que siento desde el principio de todo este meollo.
      Gracias de corazón.

    2. Es hora de la unión de todas las mujeres para defender lo conquistado y no dar ni un paso atrás.
      Gracias por ser vanguardia.

    3. Felicitaciones a tí y a quienes te acompañaron. Es un lucha digna que satisface a quien la hace y a quien la apoyamos.
      Avanzar sin transar !

    4. Manuel Márquez Lucena

      Estimada Juana
      Fuí alumno tuyo entre 1988 y 1994. Trabajaba en Canal 9 en Valencia ¿ recuerdas? En cualquier caso, toda mi simpatia cariño y solidaridad. Soy un hombre «normal» sií aunque raro, jeje… ¡¡existimos!! Y no, no puede ser el aventurerismo de ciertos grupos que, efectivamente, como tú dices «pincharán el globo de la moda pasajera». Ya lo escribió el Maestro Humberto Eco: » Cuando no hay arte, ni creatividad ni talento sólo queda escandalizar».
      Sí es otro triunfo de la banalidad sobre los recios fundamentos, el trabajo o el estudio. Nada hay que prohibir-que si hacen est@s modeln@s-ell@s con sus miserías tú con tu gran labor. Ni más ni menos Juana.
      Fuerte abrazo.

    5. Carmen de Córdoba Serrano

      Estoy contigo,Juana. Los sentimientos no se pueden legislar. Soy psicóloga en el Instituto Andaluz de la Mujer en Granada. Siempre a tu lado 💕💖❤

    6. Gracias Juana por tu valentía al defender la libertad de expresión y la cordura ante esta distopía en la que nos quieren encerrar y amordazar a las mujeres. Estamos contigo.

    7. Anselmo Hernández Santamaría

      Gracias por seguir defendiendo la razón frente a los dogmas, la necesidad de debatir frente a la censura, aunque para ello tengas que pagar un alto precio. Toda mi admiración 🥰

    8. Todo mi apoyo y agradecimiento por ser una incansable defensora del feminismo.
      Juntas lo conseguiremos, no nos silenciarán…!!!

      Abrazos 🙂

    9. Rosa Maria Fernández Sansa

      Gracias Juana. Llevamos muchos años de muchas luchas defendiendo siempre los derechos de las mujeres y niñas para que ahora surja una corriente(?) ideología (?) qué pretende anular todas las victorias logradas al cabo de 300 años de feministas.
      No lo vamos a permitir y no por tosudez sino por razones sobradas y analizadas desde el pensamiento crítico.
      Tu actitud ha marcado un antes y un después. Enhorabuena por haber sido valiente.

      1. Muchas gracias, Rosa María. Nos conocemos hace mucho y guardo muy buen recuerdo de nuestros primeros encuentros. Seguimos con más ilusión que nunca, aunque a veces el ánimo decaiga. Un abrazo.

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